domingo, 13 de octubre de 2013

Apoyo al suicida

El suicida más que un cobarde debería considerarse una persona inteligente, valiente, libre y que sabe lo que quiere, pues el quitarse la vida no sólo requiere aprender cómo hacerle el nudo a la cuerda que se va amarrar al cuello.

Antes que nada ha pensado mucho la situación; no sólo es un simple acto impulsivo. Se considera la opción de seguir viviendo y se compara la situación actual con la muerte.

No se nace con un manual que nos diga cómo vivir, aunque a partir de los consejos y la experiencia de los mayores sabemos cómo reaccionar ante ciertas situaciones; tenemos la teoría mas no la práctica. Sin embargo nadie ha vuelto del óbito para avisar cómo es o qué hizo para sobrellevarlo. El suicida es valiente pues ha superado el temor a lo desconocido. Nadie sabe qué pasa después de morir y sin embargo éste se despide tranquilo de la vida como si nada pasara a pesar de que la iglesia le promete el infierno considerándolo un terrible pecador y la sociedad se avergüenza y lo vuelve tabú.

Con el tiempo hemos desarrollado la capacidad de tomar decisiones propias, pues nuestra vida nos pertenece sólo a nosotros. El individuo que se quita la vida es fiel a su pensamiento, pues él mismo ha decidido que si su existencia no le es satisfactoria, lo mejor es morir y no esperar años y años por la muerte mientras se siente miserable y vacío.

Suicidarse no es para tontos ni para cobardes; en la historia grandes personajes como Horacio Quiroga, Ernest Hemingway, Sylvia Plath, Alejandra Pizarnik, Vincent Van Gogh, etc. han tomado sus vidas y no por eso lo que hicieron es menos valioso. Es irónico que durante nuestra vida nos inculquen a tomar la iniciativa en todo lo que hacemos y sin embargo cuando se trata de la muerte, no las retiran abruptamente.


 Elegir cuándo y cómo morir debería ser admirado, respetado y apoyado por la sociedad, pues a fin de cuentas todos terminaremos igual.

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